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Como viene siendo habitual, sus Majestades nos han dejado una carta preciosa para que la abriésemos y leyésemos antes de siquiera entrar a ver los regalos.

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Es una carta maravillosa, casi tanto como el encuentro que tuvimos con Baltasar. Pero es bastante personal, así que sólo comparto un trozo. El resto, nos lo guardamos los M-L B. Os animo a pedir a los Reyes que os dejen una carta en casa para el año que viene. Es un regalo estupendo.

¿Y por qué tardo tanto en compartirla? Pues es una buena pregunta. Tardo tanto en compartirla porque, entre otras cosas importantísimas, he pedido a sus Majestades el poder disfrutar más de mis hijos y de mi familia en tiempo real y no en tiempo virtual. Lo real sucede sólo una vez. Lo virtual puede esperar unos días.

Sin más, os dejo unos trozos de la carta.

“Querida familia, o más bien deberíamos decir, queridísima familia, porque ya sabéis que para nosotros, sois una familia muy especial, y así os lo dijo el otro día Baltasar.

Qué alegría más grande nos da siempre venir a vuestra casa. Ahora entraréis a ver los regalos. Ya sabéis que hay muchas familias que piden cosas para vosotros. Por eso, no os defraudéis si hay algo que queríais y no está en esta casa. Paciencia. Hemos pensado en cada uno de vosotros en particular y cada regalo está escogido con un cariño inmenso. Si hay alguna cosa que no os hemos traído, es porque no os conviene. Confiad en nosotros.

Hemos de decir que alguno de vosotros nos ha vuelto un poco locos con la carta este año, cambiando alguna cosa que otra, ¿verdad? Pero pensad que cada cosa que hoy recibáis tiene un significado muy especial. ¿Sabéis cuál? Que Dios os quiere con locura. Cada regalo, por pequeño que sea, viene a demostraros que para Dios nada hay más importante y preciado en el mundo que cada uno de vosotros. Tenedlo muy presente y no lo olvidéis jamás. Esa es la misión que tenemos los Reyes, llevaros la alegría del amor a través de unos presentes.

Este año hemos sido muy generosos, porque Dios ha visto vuestros esfuerzos por mejorar cada día. A Dios no se le escapa nada. Conoce vuestras debilidades y vuestras fortalezas mejor que vosotros mismos. Y valora mucho que os esforcéis por obedecer, por ayudar y por querer a los demás.

Nosotros también os conocemos muy bien. Y sabemos qué cosas os cuestan más. Por ese motivo, además de los regalos que recibáis, hemos hecho unos encargos especiales para cada uno de vosotros que, esperamos, podáis ir recibiendo a lo largo del año. Más que regalos podríamos llamarlos “gracias”.

A ti, papá, te hemos pedido la gracia de[…]

A ti, mamá, te hemos pedido la gracia de ser más tranquila, más serena y menos temperamental. Que puedas ser paciente con todos, darte a ellos sin exigir y vencer tus orgullos y debilidades. No olvides nunca que eres el alma del hogar.

Bruno, a ti te hemos pedido una gracia importante, la de[…]

A ti, Manuel, te pedimos algo que, pensamos, te puede ayudar. Pedimos que[…]

Sarina, cada día vemos tus esfuerzos por ayudar a los demás. Es muy bonito verlo. Pero sabemos que alguna vez[…]

A ti, Clarita, a ti te pedimos la gracia de […]

Juan, ¡nuestro futuro pianista! A ti te pedimos[…] Y recuerda que eres un elegido para demostrar que para Dios, nada hay imposible.

Nos vamos, familia. Disfrutad de todo. No penséis sólo en los regalos, sino en compartir, en estar en familia y sabed que, el mejor regalo es el amor. Rezad y acordaos de que siempre, siempre, siempre, estamos pendientes de vosotros. Pedidnos y nosotros os escucharemos y presentaremos vuestras peticiones a Dios.

Os quieren

Melchor, Gaspar y vuestro querido Baltasar

Como habéis visto, de las gracias especiales sólo os he dejado la mía, que ya son célebres algunas de mis miserias. Las gracias de los demás, son suyas y no seré yo quien las haga públicas.

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Esta carta y un increíble día 6 fueron el colofón de estas fiestas en las que hemos disfrutado muchísimo. Sin grandes planes.

Más bien cosas sencillas. Alguna visita a belenes, tardes de cancha, un poco de cine (“Se armó el Belén”, imprescindible verla con ellos) y mucha casa.

 

Nuestras peleítas, nuestros piques, nuestros perdones, nuestras risas y nuestros llantos. Vamos, que muy normalito todo y, quizá, por eso, muy extraordinario.

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Dice la RAE que paradoja es “Hecho o expresión aparentemente contrarios a la lógica”. Y yo creo que la maternidad/paternidad es un ejemplo perfecto que representa lo que es una paradoja.

Hablaré de la maternidad, que es lo que me atañe a mí. Sobre la paternidad, consultar al santo.

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Quizá el verano, por la superconvivencia familiar a la que se presta, me pone aún más de manifiesto que la maternidad es una paradoja maravillosa. De esto ya se ha hablado y escrito sobradamente, y por expertos de nivel alto, así que no voy yo a descubrir la pólvora. Simplemente a compartir mi experiencia.

Cómo es posible querer tanto a los niños y al mismo tiempo necesitar que te dejen en paz un rato. Cómo puede ser que esté ávida de que me pidan su ayuda y suspirando porque sean más autónomos. Cómo puede suceder que durante mi jornada laboral me acuerde tanto de ellos y llegue a casa deseosa de estar con ellos y, a las horas, esté deseosa PERO de que se metan en la cama y nos dejen respirar un poco.

Quizá es porque, en la maternidad, todo se vive con tanta intensidad que se pasa de un extremo al otro en cuestión de segundos. Pero las paradojas, en mi caso, llegan a temas mucho más serios y profundos.

Con la maternidad he experimentado las mayores satisfacciones y las más profundas frustraciones. Las mayores alegrías y tristezas. En un mismo día he llegado a pensar que somos héroes y que somos villanos. Que vamos por buen camino y que nos dirigimos a un fracaso estrepitoso. Puede que exagere, pero creo que se me entiende.

Es como vivir en una cambiante constante, como en una ciclotimia absoluta.

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Ojo a la propaganda que hacemos a Organizados y los diferentes usos que damos a sus cajas

Si me parece paradójica la maternidad, paradoja de las paradojas me parece cuando tienes un hijo con alguna discapacidad/dificultad/diferencia/particularidad. Eso ya es un atentado contra toda lógica, al menos en mi caso.

Con nuestro magnífico he descubierto una maternidad muy diferente. Más neurótica, más empática, más sensible pero más resiliente, más paciente con él pero más impaciente con la incertidumbre, más eufórica y más prudente. Reconozco que cada obstáculo que se nos ha presentado en la vida de Juan me ha parecido más grande que un gigante, pero cada superación y triunfo me han sabido a gloria eterna. Hay días que creo chiflar por pequeños detalles que me hacen desesperar o por hitos que quiero que logre ya. Y otros días puedo ver las cosas con perspectiva y apreciar lo bien que está nuestro crack. Sus caídas me duelen en el alma. Sus golpes, como si los recibiese yo. Pero sus alegrías son felicidad para todos. Es como si fuésemos padres por primera vez y todo nos resultase nuevo y diferente. Pero habiendo tenido cuatro churumbeles antes. Muy lógico y normal todo.

Y todo esto ¿por qué? ¿A qué viene ahora? Nuestros hijos, como todos, empezaron hace unas semanas el colegio Llamadme rara, pero me encanta que estén de vacaciones, aunque me agotan. Me chifla que no tengamos que regirnos por ningún horario, aunque me supere la anarquía en las no-rutinas veraniegas. Me da pena que empiecen el cole, aunque al tiempo me ilusiona que lo hagan… Y así podría seguir y así seguiré, en una constante paradoja. Una de las cosas que más me gusta de la vuelta a la rutina es pensar que, al verse menos, también se pelearán menos. Pero esta teoría aún no se ha confirmado.

 

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No son pocas las ocasiones en las que la gente nos pregunta cómo nos organizamos en una casa con tantos niños y trabajando los dos. Yo siempre digo lo mismo, y aquí ya lo he contado alguna vez. Nos organizamos como podemos, en ocasiones mejor y en otras peor, pero no queda más remedio que organizarse, está claro.

Resulta que en nuestro matrimonio, no sé en los de los demás, se ha ido forjando un pacto no firmado en el que cada uno ha ido adquiriendo las competencias en las que tiene más que aportar. Aunque en ocasiones se dan ciertas duplicidades (no suele ocurrir mucho) y, en otras, sucede algún que otro vacío legal o silencio administrativo (esto puede ser más habitual que lo anterior), la realidad es que estamos bastante bien organizados. Otra cosa diferente es que la organización siempre sea efectiva, eficiente y, sobre todo, suficiente.

Así, en estos ya 9 añazos de feliz y productivo matrimonio, hemos ido tomando posesión de carteras y ministerios de la siguiente manera.

En nuestro gobierno no hay un Presidente, sino dos vicepresidentes muy atareados y algo explotados, que ejercemos nuestro papel con responsabilidad, lealtad y, sólo en ocasiones, con solvencia.

Vicepresidente: JP

Vicepresidente: la que suscribe

Sólo durante los viajes dilatados de mi santo al extranjero han recaído sobre mí las dos vicepresidencias, ostentando yo la Presidencia única, pero en funciones. Y he de decir que es la leche de estresante, así que no envidio a los Presidentes únicos de sus hogares. La vida de los M-L B está muy pensada para llevarla al alimón.

Cartera de Economía: Aquí el ministro o cabeza de este ámbito es mi marido. Nunca se me ha dado muy bien el tema, aunque ahora me ocupo un poco más. Él se encarga de ver las huchas, echar las cuentas y ver que no salen, jajajaj. Y luego trasladarme su preocupación. Misteriosa y milagrosamente, solemos cerrar los ejercicios con bastante buen balance en la gestión y aunque no terminamos en positivos, tampoco solemos hacerlo en negativos. Si me preguntáis os diré que esto se debe a una maniobra aritmética complicada que suele llamarse “Encaje de bolillos”. Es laboriosa, pero cuando sale, uno se queda de lo más tranquilo.

En esta cartera yo no ostento la cabeza, pero sí soy Secretaria de Estado, así que echo mano al responsable en lo que se considera oportuno, véase las transferencias a los deudores de cada mes (a los santos que nos echan una mano). Y, sobre todo, veo el milagro que cada mes se produce. Dios provee.

En lo que no suelo entrar en absoluto es en la relación con las entidades; las entidades de este sector me aburren y no suelo entenderlas.

Hacienda: aquí hay cierto vacío administrativo, y hemos decidido contar con la colaboración de externos que nos echan una mano. En mi caso, no tengo palabras suficientes para elogiar la labor de los señorinos de la Agencia Tributaria que te echan mano para hacer la renta cada año. (Ya tengo mi cita pedida para éste, yujuuuuu)

Justicia: el tema está también muy repartido, dejando la cartera sin ministro y delegando todo en dos secretarías de ESTADO (y nunca mejor dicho lo de Estado). El estado de padre y el estado de madre, al que pueden recurrir los ciudadanos de nuestra casa siempre que estimen oportuno, que suele ser una media de 57 veces por día, pidiendo justicia parental. A veces nuestros dictámenes son meramente consultivos y no vinculantes y acaba imperando el “tomarse la justicia por su mano”, aunque esto luego suele tener consecuencias en la ciudadanía del hogar (castigos por pegarse).

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En el fútbol, cualquier justicia es poca

Defensa: aquí todos participamos de una manera u otra. Somos como los Corleone, ojito con tocar a uno de los nuestros… Jajajaj

Relaciones exteriores: en este caso la ministra indiscutible soy yo. Autorizo celebraciones, coordino eventos internos o a los que se nos invita, deniego permisos de salida, invito a nuestras dependencias y, al fin y al cabo, coordino.

Papá tiene voto de veto y de confirmación, pero normalmente soy yo la que está al frente de esta cartera. No es fácil con tanto cumple infantil, evento social y demás actos que jalonan nuestro día a día, pero, lo confieso, me encanta.

Relaciones internas: puf, esto es el sálvese quien pueda. Somos, por así decirlo, 7 regiones autónomas que están abocadas a la buena relación. A veces se nos da mejor y otras peor. Dentro de las 7, lo fundamental es que la región “Papá” y la región “Mamá” se lleven fenomenal por el buen devenir de todos. Hay una de las 7 que podríamos llamar “Andorra” por ser de las más pequeñas pero de las más independientes y alternativas: Clarita.

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Con todos ustedes, Andorra

Educación: Por acuerdo unánime del Consejo, aquí vamos de la mano los dos y en colaboración con el santo colegio de las criaturas (esto último en el aspecto curricular, la educación intentamos que se la lleven puesta de casa y el cole es una gran ayuda para las materias y apoyo para los valores que en casa intentamos inculcar). Importante: buscar un cole en la línea que los ministros quieran desarrollar en el hogar.

Fomento, Infraestructuras y Automoción: papá, papá, papá y papá ¡viva papá!

En determinadas Infraestructuras tomamos las decisiones juntos, como debe ser, es el caso de la trilitera que estamos esperando como agua de mayo. Pero en medios de locomoción, sus revisiones y mantenimiento, ni entro ni quiero hacerlo. Es más, me supera hasta poner gasolina. Ahí lo dejo

Sanidad: aquí el peso lo llevo yo. Revisiones, vacunas, citas, compra y administración de medicamentos, suele ser un fuerte dentro de mis competencias. Y más desde la llegada de nuestro Juanín, que me ha introducido en el maravilloso mundo de la rehabilitación y en los cien mil médicos que lo ven.

Y así nos vamos repartiendo las cosillas. Al margen de esto hay temas que parecen menores, pero no lo son, que también están adjudicados por ese dedo invisible a la par que efectivo: la compra la hace papá (y qué bien y rápido), los menús entre los dos, las compras textiles son mías, en la cocina nos remangamos los dos. Yo hago la cena, él la recoge. Yo me suelo encargar de preparar las cosas de Juan para el día siguiente, él se encarga de preparar lo de los otros 4 (sí, está mal repartido, no se lo digáis, pero de todas maneras es que Juanito tiene su idiosincrasia particular y lleva mucho tema aparejado).

Contamos con secretarios de estado y consejeros que nos echan mucha mano y cumplen sus tareas a la perfección. La santa señora que nos ayuda en casa, los santos abuelos, los tíos, amigos… Sus competencias son más transversales y dependen de la necesidad de cada día. Pero no exagero si os digo que son la efectividad personificada. Sin ellos, no podríamos.

Y así, queridos amigos, con esta sencillez que os relato, es como se organiza con facilidad la vida de una casa de 7, de los cuales 5 son menores. Tan fácil como cualquier mueblecito de los que se hacen en los programas de Bricomanía.

Ahhh, se me olvidaba, dentro de este puzle de millones de piezas, hay que templar los ánimos de los ciudadanos, abrir el buzón de quejas y sugerencias y, sobre todo, dar mucho amor.

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Por si no os habíais dado cuenta, la Portavocía del gobierno es cosa mía. Con todo lo que hablo, no podía ser de otra manera.