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Dice la RAE que paradoja es “Hecho o expresión aparentemente contrarios a la lógica”. Y yo creo que la maternidad/paternidad es un ejemplo perfecto que representa lo que es una paradoja.

Hablaré de la maternidad, que es lo que me atañe a mí. Sobre la paternidad, consultar al santo.

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Quizá el verano, por la superconvivencia familiar a la que se presta, me pone aún más de manifiesto que la maternidad es una paradoja maravillosa. De esto ya se ha hablado y escrito sobradamente, y por expertos de nivel alto, así que no voy yo a descubrir la pólvora. Simplemente a compartir mi experiencia.

Cómo es posible querer tanto a los niños y al mismo tiempo necesitar que te dejen en paz un rato. Cómo puede ser que esté ávida de que me pidan su ayuda y suspirando porque sean más autónomos. Cómo puede suceder que durante mi jornada laboral me acuerde tanto de ellos y llegue a casa deseosa de estar con ellos y, a las horas, esté deseosa PERO de que se metan en la cama y nos dejen respirar un poco.

Quizá es porque, en la maternidad, todo se vive con tanta intensidad que se pasa de un extremo al otro en cuestión de segundos. Pero las paradojas, en mi caso, llegan a temas mucho más serios y profundos.

Con la maternidad he experimentado las mayores satisfacciones y las más profundas frustraciones. Las mayores alegrías y tristezas. En un mismo día he llegado a pensar que somos héroes y que somos villanos. Que vamos por buen camino y que nos dirigimos a un fracaso estrepitoso. Puede que exagere, pero creo que se me entiende.

Es como vivir en una cambiante constante, como en una ciclotimia absoluta.

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Ojo a la propaganda que hacemos a Organizados y los diferentes usos que damos a sus cajas

Si me parece paradójica la maternidad, paradoja de las paradojas me parece cuando tienes un hijo con alguna discapacidad/dificultad/diferencia/particularidad. Eso ya es un atentado contra toda lógica, al menos en mi caso.

Con nuestro magnífico he descubierto una maternidad muy diferente. Más neurótica, más empática, más sensible pero más resiliente, más paciente con él pero más impaciente con la incertidumbre, más eufórica y más prudente. Reconozco que cada obstáculo que se nos ha presentado en la vida de Juan me ha parecido más grande que un gigante, pero cada superación y triunfo me han sabido a gloria eterna. Hay días que creo chiflar por pequeños detalles que me hacen desesperar o por hitos que quiero que logre ya. Y otros días puedo ver las cosas con perspectiva y apreciar lo bien que está nuestro crack. Sus caídas me duelen en el alma. Sus golpes, como si los recibiese yo. Pero sus alegrías son felicidad para todos. Es como si fuésemos padres por primera vez y todo nos resultase nuevo y diferente. Pero habiendo tenido cuatro churumbeles antes. Muy lógico y normal todo.

Y todo esto ¿por qué? ¿A qué viene ahora? Nuestros hijos, como todos, empezaron hace unas semanas el colegio Llamadme rara, pero me encanta que estén de vacaciones, aunque me agotan. Me chifla que no tengamos que regirnos por ningún horario, aunque me supere la anarquía en las no-rutinas veraniegas. Me da pena que empiecen el cole, aunque al tiempo me ilusiona que lo hagan… Y así podría seguir y así seguiré, en una constante paradoja. Una de las cosas que más me gusta de la vuelta a la rutina es pensar que, al verse menos, también se pelearán menos. Pero esta teoría aún no se ha confirmado.

 

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Pues eso, que se acaba el curso y no iban a ser únicamente los niños los que trajesen el boletín de evaluaciones de fin de curso. Yo también tengo. Eso sí, la forma de evaluar es algo diferente a lo convencional.

Economía del hogar: Aprobado – se valora positivamente los esfuerzos de la alumna durante el curso, especialmente el montante final de la hucha que, entre todos, se consiguió reunir para la boda familiar. No obstante, no debe bajar la guardia, que en verano se suelen adquirir bajos rendimientos en esta materia.

Alimentación equilibrada en el ámbito familiar: Aprobado pero podría mejorarse. Se valora positivamente la labor de los padres en el desarrollo de menús aptos para las tarteras infantiles y los intentos, a veces fallidos, de complementarlo con la cena y con los menús de los que no llevan tartera. Se anima a revisar la oferta de desayuno, inculcando hábitos más saludables para los pequeños.

Matemáticas: Aprobado y con nota. Veremos qué tal se desenvuelve la alumna cuando sus hijos lleguen a las raíces cuadradas, las ecuaciones y las integrales… eso será otro cantar.

Lengua: Sobresaliente. Con todo lo que habla la alumna, no podía ser de otra forma. No obstante y sin perjuicio de la nota, le animamos encarecidamente a esforzarse en mantener un tono de voz más bajo y menos exaltado, así como a usar un lenguaje más positivo a la hora de dirigirse a los demás.

Escucha: Aprobado raspadito. Deberes para el verano – menos hablar y más escuchar y observar. Sabemos que será difícil, pero hay que intentarlo.

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Lecto-escritura: Notable. La alumna demuestra gran entusiasmo en el ámbito de la lectura. También en el de la escritura, pero las exigencias del sistema demandan una mayor frecuencia en el blog.

Memoria: De difícil evaluación. La alumna muestra gran capacidad de retención en determinados ámbitos, pero nula memoria en otros. Se ha constatado que la evaluada podría leer un libro o un texto ya leído anteriormente pareciendo totalmente novedoso. Debe revisar este aspecto.

Capacidad de concentración: Suficiente raspado. La alumna debería evitar la modalidad “multitarea” que suele utilizar para prácticamente todas las actividades diarias.

Estimulación-Fisioterapia-Rehabilitación: Sobresaliente. Un año más, y desde la llegada de “el magnífico” ha demostrado gran capacidad de aprendizaje y de puesta en práctica de tantas actividades como se le han enseñado. Siga así.

Paciencia: Insuficiente. A pesar del esfuerzo realizado y aun habiendo mejorado relativamente, sigue cosechando malos resultados en esta materia. Precisa mayor esfuerzo y dedicación. Actividades propuestas para el verano en esta materia:

  • aguantar tantas representaciones y obras de teatro de “La Mariflori” como la artista ofrezca, mostrando atención y no instando a que sean breves.
  • Escuchar, mostrando interés, todos los comentarios futbolísticos, los últimos fichajes, la rememoración de jugadas y demás hazañas deportivas del sector masculino de la familia.
  • Mostrar pacientemente interés y cariño cada vez que la santa realice cualquier actividad del tipo: pino, pino puente, voltereta lateral, salto a la comba, etc.
  • Dejar que el magnífico pasee empujando carrito, patinete, cochecito u otros utensilios, sin atajar su trayectoria para llegar antes al destino.
  • Pasar tiempo sin hacer nada. Y no instar a los demás para realizar acciones “productivas”. Simplemente, estar.

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Educación física: la alumna no se ha presentado a esta materia.

Gestión del tiempo: sobresaliente. Apreciamos un gran interés de la alumna por ayudar a los demás miembros de la familia a mejorar en esta materia, cosa positiva. Pero no debe resultar tan cargante, deje que los demás aprendan a gestionar el tiempo a su tiempo, por favor.

Rendimiento: S.B. demuestra gran capacidad para rendir en condiciones desfavorables tales como escasez de tiempo, ausencia de descanso, reclamos de atención al unísono por diferentes actores, etc.

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Nota de los tutores: querida Sara, enhorabuena por el esfuerzo realizado durante el curso, te animamos a seguir así y a poner especial interés en aquellas materias en las que flojeas. Disfruta del verano y de los tuyos, mostrando lo agradecida que estás a todo lo que tienes, queriéndolos y cuidándolos. Y ya en septiembre nos vemos. Por favor, no olvides traer el resguardo de las notas firmado por “el santo”.

¡Feliz verano!

 

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Por favor, por favor. Taaaanto tiempo sin escribir y yo con estos pelos. Desde la visita de Sus Majestades hasta hoy han pasado muchas cosas en nuestra vida pero, por lo que realmente me he obligado a sentarme y darle a la tecla es porque el proyecto M-L B cumple 10 años. ¡10 años! ¡X años! ¡Una década! La pera limonera.

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Precioso regalo de aniversario

Hace diez años de ese día maravilloso en el que nos dimos el sí más importante de nuestras vidas. Y ante Dios, la Iglesia y unos cuantos más (nada, poquita cosa, unos 400 invitados), prometimos amarnos, respetarnos, ser fieles y perseverar en las duras y en las maduras. Y de pronto pestañeas y… tienes 5 hijos, una hipoteca y han pasado 10 años. Así, como quien no quiere la cosa.

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Diez años de aprendizaje constante. Constante. Constante. Diez años de momentos muy felices y de hacer historia. Porque soy de las que piensa que en cada nacimiento de un hijo estamos haciendo historia. Probablemente no sea historia de la que se estudia en “Historia Universal” o “Historia contemporánea” o “Historia del S. XXI” pero desde luego sí que haciendo historia, nuestra historia.

Y en este tiempo se confirma todo aquello que se tenía que confirmar. Que el matrimonio no es una empresa sencilla. Que se pasan momentos buenos y momentos no tan buenos. Que el amor es un aprendizaje, que queda muy lejos de las pelis moñas y de las idealizaciones que tanto nos venden. Pero que es lo mejor. Al menos para mí. Es mi vocación. Vocación de esposa y madre, por ese orden.

Agradezco que nadie me vendiese la moto de que la convivencia es sencilla y de que el “enamoramiento” es un sentimiento perenne. Agradezco tener muchos matrimonios cerca que, con su ejemplo, me han enseñado y me enseñan que el amor es también una decisión. Que lo momentos malos o difíciles son incluso más constructivos que los buenos, fáciles y felices.

Agradezco a mi marido su paciencia conmigo, su capacidad de llevar mi difícil carácter y mi pronto explosivo. Agradezco su integridad y su bondad. Agradezco a Dios que lo pusiera en mi camino y que nos diese las armas para aprender a perdonarnos y a confiar en Él. Agradezco tanto tener un hogar, un lugar en el que se me espera y en el que soy querida. Agradezco los cinco regalazos que tenemos por hijos. Y agradezco sentirnos tan arropados y acompañados en esta, nuestra historia.

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Mi fuerte, por si no ha quedado claro hasta ahora, es desmontar mitos. Y pienso que es muy importante desmontar falsos mitos sobre el matrimonio que puede conducir a decepciones. Por eso, recalco que estos diez años son de aprendizaje. Y los 40 siguiente, si Dios quiere, lo seguirán siendo. Aprender a amar. Aprender a controlarse. Aprender a gestionar el tiempo. Aprender a perdonar. Aprender a poner las cosas en su lugar. Aprender que, en esa lista de prioridades, el matrimonio es la primera. Aprender a organizarse. Aprender a tener paciencia y saber que lo malo paso y lo bueno llega y es más bueno que lo bueno anterior. Aprender economía familiar. Aprender a disfrutar.

Y creo que uno de los aprendizajes más bonitos de este tiempo para mí ha sido descubrir la grandeza que se esconde detrás de las pequeñas cosas.

Yo, que he sido animal social, alma callejera y culo de mal asiento, y lo sigo siendo en gran medida, aprendo cada día a disfrutar de la vida familiar. Llegar a casa. Que te reciban con alegría. Ayudar en los deberes, aunque acabemos subiendo el tono de voz o medio enfadados todos. Sentarme a cenar con mi marido cuando ya, ¡por fin!, todos están dormidos. Ver una película en familia. Hacer una excursión. Celebrar los cumpleaños. Leer un libro con ellos. Perseguirlos para que te hagan caso. Ver cómo aprenden a montar en bici. Hacerle una trenza a Mariflori y que te diga: “Mamá, ¿verdad que hoy soy como una princesa?”. Hacer seguimiento a ese primer diente de la Santa que amenaza ya con caerse.

Tener una conversación con el santo esposo de más de 10 minutos sin interrupciones y en persona, es decir, que no sea telefónica. Hacer una comida y ver que todos la disfrutan. Ser testigo de los avances del magnífico. Gritar los goles de los dos mayores en sus partidos de fútbol. Las confidencias contadas mientras se sientan en el trono. Las notitas sorpresa con dibujos  y esa dedicatoria tan maravillosa que reza “Para mamá, de… Te quiero, mucho, mamá”.

Una cena a solas con mi buenorro y paciente esposo… Aunque esto deberíamos intentar que fuese más habitualmente, porque lo de salir de casa los dos solos sin “compango” nos cuesta cuadrarlo un poco. Tener una casa donde la gente venga y se sienta cómoda y acogida…

Veo todo esto y me siento taaan afortunada. Pero no podría ser posible sin un marido como el que tengo. Porque esto es proyecto común. Hace 10 años dejamos de ser JP y S para ser los M-L B. Y me siento orgullosa de ello.

Claro, que tanto almíbar me está empachando. Todo esta vida de las cosas pequeñas hay que aderezarla con un poco de: gritos, algún que otro castigo, amenazas varias, discusiones, reconciliaciones, planes que se van al garete, precariedad económica a ratos, pocas horas de sueño, mucho follón de agenda, ir con la lengua fuera, enmarronar a los abuelos, enmarronar a los tíos, enmarronar a los amigos, enmarronar a todo el que se cruce por el camino, dejarse alguna cita del médico olvidadada, notita de la tutora-castigo-enfado-grito-silenciose pulcral-grito-amenaza-enésimo castigo-perdones varios… Y, sobre todo, con mucha ilusión. Porque si nosotros no ponemos ilusión a nuestro proyecto, ¿quién se lo pondrá?

Diez años de aprendizaje constante. De descubrir el gran regalo que es mi marido. De ver que Dios es fiel, a pesar de todas mis debilidades. Diez años de nuestra historia… y lo que vendrá.

 

Aunque ya haya terminado el tiempo de Navidad, no podía guardarme esto. Hoy no escribo yo, sino los Reyes Magos. Ésta es la carta que sus Majestades nos han dejado en casa y hemos leído antes de abrir los regalos… Nada que añadir.

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“Querida familia:

¡Qué alegría nos da siempre venir a vuestra casa! Un año más, hemos venido felices para traeros algunas cosas, que muestran el amor que Dios os tiene. Porque esa es nuestra función, demostrar al mundo que Dios es amor.

Os hemos dejado algunos regalitos para cada uno y otros para compartir. Va alguna sorpresa, que hemos querido tapar bien para que os sorprenda aún más. Sed generosos y compartid todo, que eso nos gusta a nosotros y le encanta a Dios.

Si veis que hay algo de lo que habéis pedido que no está aquí, recordad que hemos dejado cosas para vosotros en las casas de vuestros familiares, así que no desesperéis, ¿vale Clarita?

Bruno, hemos estado hablando sus majestades y lo que pedías de Star Wars para levantar cosas sin tocarlas no lo hemos traído. Perdónanos pero no es tan chulo como parece y funciona bastante mal. Hemos elegido otras cosas que esperamos sinceramente que te gusten.

Manuel, déjate sorprender por todos los regalos hoy. Aunque pueda haber alguna cosa que no has pedido, te aseguramos que te van a gustar todos.

Sarina, hemos traído un regalo especial que nos lo han pedido desde París para ti. ¿Sabes quién lo ha pedido? Pues sí, tu madrina, Louise.

Juan, disfruta mucho de tus regalos. Hemos intentado buscar cosas que te gusten y que, además, te ayuden a desarrollar esas manitas, que van a dejar sorprendido a todo el mundo. Eres un elegido especial de Dios, Juan.

Todos sois hijos muy especiales para Dios y, en cada uno de vosotros, se ve que Jesús es amor.

Bruno, en tu energía y tu actividad galopante se ve que Jesús es vitalidad y que “no para de hacer cosas” por cada uno de nosotros. Manuel, en tu sensibilidad y tu capacidad de asombrarte, se ve que Jesús es cercano a todo aquello que nos pasa y que desea siempre asombrarnos por cuánto nos quiere. Sarina, en ti se ve que Jesús se preocupa por los demás y quiere para ellos su bien y siempre está dispuesto a ayudarnos. Clara, en ti se ve que Jesús es un Dios que quiere de nosotros todo nuestro amor y nuestra atención. Juan, en ti se ve que Dios tiene unos planes diferentes a los que nosotros queremos, pero que siempre son los mejores planes; y, además, eres la muestra de que nada hay imposible para Dios.

Papá y mamá, en vosotros se puede ver el amor que Dios nos tiene y que, este amor, es el mejor regalo que se puede tener.

Todo esto se ve si vosotros dejáis que sea Jesús el que viva en medio de vuestra familia, si os pedís perdón y perdonáis, y si sois generosos y agradecidos.

Rezad cada noche y pedid por los que lo necesitan, que nosotros os vemos y escuchamos en todo momento y Jesús también.

Familia, un fuerte abrazo para todos y disfrutad mucho de cada instante porque este hogar que tenéis es un regalo maravilloso que Dios os hace cada día. Aprovechadlo.

Os quieren:

Melchor, Gaspar y Baltasar

¡Ah! Gracias por los dulces y la bebida, así da gusto pasar por esta casa.”

Y con este regalo maravilloso de sus Majestades, despedimos el tiempo Navideño. Sin nostalgia ni amargura, que todo el año es Navidad.

 

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Vieron salir su estrella y fueron a adorarlo

 

He rehecho este post tres o cuatro veces. Nada me convence. Quizá es mi necesidad de agradar a todo el mundo y de que nadie se sienta ofendido. O la inseguridad que tantas veces se apodera de mí. A ver si ésta es la vez definitiva.

Me sorprendo últimamente con un cierto sentimiento de envidia. Envidia a todas esas fotos que la gente comparte por redes sociales, o te manda por Whatts App o las ideas que me monto en la cabeza en función de lo que los demás me cuentan… Porque, me da la sensación, de que todas emanan perfección. Vidas perfectas. Casas ordenadas y con un gusto maravilloso. Con muebles “que te pasas de chulos” y cortinas a conjunto. Comidas sanas, saludables y equilibradas. Cuerpos esculturales. Niños obedientes y perfectamente conjuntados que son muy felices. Planes perfectos.

Dicho esto, quiero aclarar que seguramente yo soy la primera en no darme cuenta de que en las redes sociales, en las conversaciones con padres del cole durante los cumpleaños… en general en la vida, doy una imagen proyectada de mí y de mi familia que se aleja mucho de la realidad. Sinceramente, creo que no es así, pero seguro que se me escapa en diversas ocasiones el pintar la realidad para que parezca “más mona”.

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El caso es que últimamente sólo veo perfección en todos lados y esto me hace pensar y pensar. Lógicamente, cada uno vemos las cosas con nuestra mirada y nos montamos la película de lo que hay detrás de todo eso. Pero es imposible no suponer algo de ensueño, que está mucho más cerca de lo divino que de lo humano. Y claro, una entra en bucle pensando “algo debo estar haciendo mal…”

 Voy a partir, por supuesto, del respeto hacia todo el mundo. Cada uno comparte con los demás lo que le da la gana y como le da la gana, faltaría más. Pero por si hay alguien tan vulnerable como yo que siente que su vida queda muy alejada de aquello que ve a través de la mirada de otros, quiero decirle ¡¡NO ESTÁS SOLO!! ¡¡A MÍ ME PASA IGUAL!!

Siempre digo que yo no soy ejemplo de nada en absoluto. Y no lo digo por falsa modestia, ni por deseo de que los demás me reafirmen en lo contrario, ni por victimismo. Lo digo porque es así. Y, ¿sabéis qué? Que no pasa nada. Es más, es un descanso absoluto.

Mis hijos no son los más listos, ni los más guapos. Por supuesto, no son los más obedientes, ni siquiera son obedientes en la mayoría de las ocasiones. Seguramente esto es fruto de que tienen una madre muy poco pedagógica que pierde los nervios muchas veces al día y da más gritos de los que son tolerables para unos tímpanos sanos.

Mi casa es una casa… ¿cómo decirlo? Es una casa muy vivida. Con poco espacio y demasiadas cosas. Con habitantes desordenados, empezando por mí (esto lo tiene muy claro casi todo el mundo; el orden no es mi fuerte y eso que he mejorado). Podemos estar mucho tiempo con una bombilla sin lámpara, con un pantalón sin rodillera, con una bolsa de “ropa para dar” esperando en la puerta de casa.

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“La mesilla” del cuarto de los chicos

A veces toca repetir pasta dos días seguidos. Y se nos va la mano con los sobaos y magdalenas en el desayuno. Y el jersey del uniforme va sin planchar, porque pusimos la lavadora muy tarde.

Cuando viene a nuestra casa el “Libro viajero” del colegio, es muy probable que las páginas se vayan con algún manchurrón de comida, que se quede algo pegado por un pegote de “prit” y que no sean las páginas más estéticas de todas las del libro.

A las 21.00 h., cuando estás en plena batalla campal para meter a los gladiadores en sus camas, nuestra casa está más cerca de ser un escenario de “Jurassic park” que de un reportaje de “Casa y Jardín”.

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Jurassic home

En el “Quién es quién” hemos perdido a Paul y a Richard antes siquiera de haber terminado la primera partida. Y el libro de “El pollo Pepe” ahora es un coleccionable por fascículos.

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Pollo Pepe coleccionable

El 60% de nuestra ropa tiene manchas indelebles. Y cuando nos llega el encargo de hacer a mano una figura para el Nacimiento de la Guardería, nuestro pastorcillo se distingue a leguas.

No saco tiempo para ver una peli entera con los niños y me cuesta sentarme con ellos a jugar. Vamos, que yo soy un antagónico de la perfección.

Pero, sinceramente, ¿quién es perfecto? Si alguien levanta la mano, sólo puedo compadecerme de él. Ser perfecto debe generar un nivel de estrés inasumible en el día a día.

Y, además, ¿dónde está escrito que el ideal de la vida sea la perfección? ¿Quién ha sentenciado que lo divertido es perfecto? ¿Que lo apasionante es perfecto? ¿Que lo bello es perfecto?

Todo esto no deja de ser un bofetón hacia mí misma y la tontería que me entra por la envidia. Porque, como dice mi amiga María M. no existe la envidia buena. Existe la admiración. Pero la envidia buena, como tal, no existe.

No significa, con todo esto, que no haya aspectos de mí y de la vida que no trabaje por mejorarlo. Miles de ellos, en serio. Pero sin obsesión.

Además, la imperfección, a mi juicio, habla de realidad. De cosas y personas que son. De casas con alma (la mía tiene un alma que flipáis, jajajajja). El imperfecto necesita a los demás para su vida. Y necesitar a los demás es lo más maravilloso que pueda haber. Gente que te ayuda y te hace crecer. Yo soy muy muy muy imperfecta, de verdad. Y creo que cuanto más imperfecta me descubro, mejor me viene, porque así identifico en qué cosas puedo poner mis objetivos para intentar mejorar y más ayuda pido a los demás. Pedir ayuda no significa deshacer del tema y que otro te resuelva la papeleta. Pedir ayuda es decir: “mira, a esto no llego, lo hago fatal y sé que con tu ayuda el resultado sería mejor que sin ella”. Es un acto maravilloso de humildad que a mí me cuesta un montón pero que me ayuda a colocarme en mi lugar y repetirme: Sara, no eres perfecta, no eres omnipotente. Es más, eres bastante mediocre. Pero no pasa nada. NO PASA NADA.

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Ayudar y ser ayudado

Así que ¡viva la imperfección! Los niños despeinados. Las casas “vividas”. La falta de espacio. La necesidad de los demás. La falta de tiempo. El afán por mejorar. Las manchas de comida. Las bombillas sin lámpara y los juguetes rotos.

Y viva el descanso de que todo esto sea así. Porque cuando esto mejore, aparecerán otras imperfecciones.

Hace unos meses, en una “Cena Adivina” estupenda, me plantearon la siguiente pregunta: “Y tú, ¿por qué lanzaste tu blog?”

Me encantó que me lo plantearan, la verdad. La pregunta estaba más que justificada, ya que era una cena sobre Marcas y Bloggers. Acudí acompañando a una amiga que estaba a punto de sacar su blog (merece la pena que lo leáis, Cristina tiene mucho que aportar y es taaan divertida) y aprendí un montón. Pero, sobre todo y como siempre, me lo pasé pipa en la cena.

El caso es que, a la pregunta, contesté que mi blog tenía como fin el hablar bien de las cosas buenas. Éste es un blog de una vida normal pero al mismo tiempo llena de cosas apasionantes, como sucede con la vida de todo el mundo. Apasionantes al menos para mí, claro está. Sin idealizaciones, eso sí, pero resaltando lo bueno de las cosas.

A cualquier profesional del mundo on-line y de los blogs y estas historias, este “supersuerte” le puede parecer carente de sentido, y lo entiendo. Escribo poco, no presto demasiada atención a la estética del blog, no me leen miles de personas… Pero, sinceramente, no pasa nada. Me gusta escribir y me gusta que lo lea quien lo quiera leer. Con eso ya es suficiente.

Pero, gracias al blog, me han pasado cosas maravillosas. ¿Por ejemplo? Por ejemplo, que la gente me diga que le gusta y me pida que siga escribiendo. Y con gente no me estoy refiriendo a mi madre, que también (gracias, familia, por aguantarme en virtual y en personal), sino personas con las que no tengo mucho trato o no veo tanto como me gustaría. Incluso gente que no conozco.

Es el caso de Liliana.

También me han pasado cosas tan estupendas como saber que algunos, sin conocernos, están rezando por nosotros, especialmente por Juan.

Es el caso de Liliana.

Y, lo más alucinante que me ha pasado con el blog, es descubrir que en mi mediocridad y precariedad, he podido mínimamente ser útil para alguien.

Es el caso de Liliana.

Liliana vive en el otro lado del mundo, pero dio con este blog en una búsqueda de google y encontró la historia de nuestro hijo Juan. Por ella y por su hijo va este post. Porque sé lo que es pasar la noche oscura del alma en la angustia a la que llegas por la incertidumbre. Porque sé lo que es un sufrimiento desgarrador. Y porque sé lo que es desear que las cosas fuesen de otra manera.

Ya lo conté y conté cómo iba Juan evolucionando. Pero, por si interesa, ayuda o anima, os recuento. Os cuento que Juan es lo máximo. Que es una lección de vida diaria. Que nos tiene locos, locos, locos. Especialmente a mí que, como dice mi santo, como de su mano. Que evoluciona y avanza. Que ya habla bastante (vamos a ver, como habla un niño que no llega al año y medio, pero habla y repite todo). Que pese a sus limitaciones físicas y sus dificultades, Juan está arrancándose a caminar solo.

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Nuestro gran observador

Que cuando me dice mamá, se para el mundo y muero de amor. Que le tendrán que operar y hacer más pruebas y esperar. Y que será duro. Mucho. Pero que prefiero pensar en el hoy, que del mañana ya nos ocuparemos. Que, por paradójico que me resulte hasta a mí, voy feliz  a sus terapias y a su rehabilitación. Que estamos rodeados de profesionales magníficos (en el hospital, en la escuela, en casa) que dan lo mejor de sí para que Juan mejore. Que Juan tiene la inmensa suerte de tener 4 hermanos maravillosos que lo estimulan, lo quieren, lo consienten y lo espabilan que da gusto; y de tener un padre santo.

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Haciendo gimnasia con Sara. Agachar, levantar; agachar, levantar…

Que Juan es un niño con recursos. Que cuando sus complicadas manos no pueden coger algo, lo empuja contra otra superficie para levantarlo y poder cogerlo. Que cuando no puede incorporarse por falta de musculatura en los brazos, apoya la cabeza y lo consigue. Que se pone malo cada dos por tres. Que es una cruz porque le dan asco todas las medicinas y las vomita. Que viven con tos y mocos prácticamente todo el año. Que no existe idealización, ni todo es perfecto, ni su vida y la nuestra está exenta de mucho sufrimiento. Pero que Juan ha dado la vuelta a nuestra vida como a un calcetín. Pensando que me desmontaba los cimientos, lo que ha hecho es poner cada cosa en su sitio. Que Juan es Juan. La monda. Y aunque yo TODOS LOS DÍAS pido el milagro de su curación, cada día se produce el pequeño milagro de su progresión y evolución.

Y que cuando lo miro, veo a Juan. Antes no. Antes sólo pensaba en Artrogriposis congénita distal. Y ahora me siento tonta por ello. Pero no pasa nada. Porque hay que pasar el duelo de las cosas y todo lleva su tiempo. Y Juan es increíble.

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Me siento muy afortunada de tenerlo. Es algo que jamás podré explicar razonablemente. Porque, si me hubiesen dado a elegir, nunca habría elegido la historia así. Y, sin embargo, me gusta. Tanto como para intuir que todo está bien hecho. Pura paradoja.

Quizá tenemos demasiado interiorizado que la sociedad, la vida es para los perfectos. Pero, ¿quién lo es? Mi amiga Paz que sabe mucho de esto, y además es santa, me dijo un día: no le pongas tope ni límite, sólo déjate sorprender por él. Y eso hacemos todos los que lo rodeamos. Y Juan seguirá progresando y llegará hasta donde Dios quiera, y no hasta donde sus manos le dejen.

Sería ingrata e injusta si no lo compartiese. Así que, Liliana, va por ti.

El verano es una época de hiperconvivencia familiar. Y, más que familiar, fraternal. Porque nosotros no tenemos tantas vacaciones como los niños, así que los que están todo el día juntos, son ellos.

Así que verano también podría definirse como la época en la que los niños no paran de jugar y también, por extensión y al menos en nuestra familia, época en la que no paran de pelearse.

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Aunque lo estéis viendo, esto en realidad no existe y si existe, sólo dura  tres segundos

La verdad que el de las peleas entre hermanos es un tema que yo llevo regulero. Me cansa y me desgasta bastante. Me parece lógico, normal y sano que las tengan. Pero me supera la excesiva frecuencia con la que lo hacen (cada 4 segundos, menos cuando están dormidos).

Me cuesta también identificar y realizar el papel que se espera de mí en ese momento. Ya comenté que el Ministerio de Justicia es un non-stop y la solicitud de justicia parental puede recibirse a cualquier hora del día, cualquier día de la semana y del año.

En cualquier caso, yo estoy intentando desarrollar el rol que podríamos llamar: “El observador de la ONU”. Es decir, aquél que está invitado a los conflictos, que ve, escucha, toma nota y, en gran parte de los casos, o nadie le pregunta, o lo que dice da igual porque no le hacen caso. Y creo que lo mejor es hacer oídos sordos y que aprendan ellos a solucionar sus conflictos. Aunque corres el riesgo de que te pasen cosas como:

Ella: “Mamá, me ha dicho xxx que me va a matar”

Yo: “Ah, muy bien, pues nada, dile que tú también le vas a matar”

Ella: “Vale”

Segundos de silencio y reflexión

Yo: “ayyyyy, hija, que no, que no, que me he confundido, que eso es muy feo, no le digas… y menos entre hermanos, por favor…”

Tarde, Sara, tarde. Eso por intentar hacerme la sueca.

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Podría ser una metáfora muy real

No es fácil y, podríamos decir, que es un reto no alcanzado aún. Me cuesta mantenerme al margen y a ellos les cuesta no pedir mediación. Al buscar ese punto medio de no entrar en el conflicto pero tampoco pasar del mismo, me he descubierto a mí misma diciendo cosas del tipo: “seguid pelándoos pero en el cuarto, por favor, que así no alteráis a los demás” o “si os vais a pegar, por favor, a unos metros de aquí y que sean golpes silenciosos”… Muy didáctico y pedagógico lo mío.

Mi madre dice que no pasa nada, que ella se peleaba mucho con una de sus hermanas. Pero que mucho mucho. Qué poco le pega a la abuela haberse peleado.

Y me puse a pensar cuánto me he peleado yo con mis hermanos. Hay que apuntar que yo he sido un poco pringui de pequeña… ¡Lo sé! ¡No dais crédito! ¡No me pega nada! Pero sí, he sido algo pringui. Quizá es por mi posición de relleno del sándwich, entre dos chicos. Lo que tengo claro es que no es ni por buenismo, ni santidad, es porque no me gustan los conflictos. Me encanta discutir (sobre todo con el santo esposo, ¿verdad?) pero llegar a conflicto y confrontación seria… como que no.

El caso es que, reflexionando sobre el tema, me he dado cuenta de lo bien que me lo he pasado con mis hermanos siempre. Esto no significa que no nos hayamos peleado y que no nos hayamos dado quebraderos de cabeza los unos a los otros. Pero lo hemos pasado muy bien.  Jugando de pequeños y saliendo de mayores. Hay que decir que mis hermanos son bastante graciosos y ocurrentes, lo que facilita las risas, pero también los piques.

Si echo la vista atrás, me doy cuenta de que mi primer diente se cayó algo prematuramente gracias a la “ayuda de mi hermano mayor”; la primera vez que me inundó el sentimiento de culpa, fue cuando le culparon a él de algo que hice yo (tirar agua por la ventana a un señor que pasaba con unas flores). Con ellos descubrí que tengo poca paciencia y que entro al trapo como el toro de Lidia. También me di cuenta de que comparto un gen con los Corleone y es ver que alguien va a por uno de los míos y salto. Es decir, que con ellos empecé a descubrir lo que soy.

Recuerdo ahora una anécdota que hoy me hace sonreír pero que en su momento me hizo ninguna gracia. Un día cualquiera me duché, deprisa y corriendo, y dejé todo empapado. Alguien fue a usar el baño después de mí y vieron que, para variar, había dejado todo empapado. Lógicamente mi madre me llamó la atención. Debí resistirme y protestar, cosas muy propias de mí. Y mis hermanos se pasaron semanas utilizando este tema para reírse. Absurdo, ¿verdad? Empezaron a llamarme “baño inundado”, a escribir notas en sitios absurdos para que me las encontrara poniendo “baño inundado”, incluso el salva pantallas del ordenador rezaba esa frase. Cada vez que me encontraba un nuevo “baño inundado” rabiaba hasta la ira. Y ellos, muertos de risa.

Gran momento también el día que mi hermano me solicitó, sin yo saberlo, un curso de “Jardinería” de CCC. Y se me plantó un comercial una tarde, contándome los beneficios del curso y todo lo que iba a aprender mientras yo hacía serios esfuerzos por no llorar de la risa y centrarme en la venganza. Todo muy absurdo, pero muy divertido. Dos palabras que definen nuestro humor a la perfección.

He sido también leona protectora de hermanos, como lo soy ahora de mis hijos. Pero, al mismo tiempo, la mayor crítica y la más exigente con ellos. Sus amigos, han sido los míos. Mis problemas y desvelos, los suyos. Mis alegrías y las suyas, compartidas por todos… Todo se ha compartido de manera bidireccional. Bueno, mi dinero era unidireccional porque de jóvenes ellos siempre andaban pelados.

Pensando todo esto, me doy cuenta de que la familia es una escuela maravillosa. Sin idealizaciones ni perfecciones, como siempre digo. Y si mis hijos se pelean, pues que aprendan a reconciliarse. No tengo que darle tanta importancia. (Sobre el papel es más fácil que en vivo y en directo, cuando ves a la Mariflori corriendo con cara de loca para zurrar al que le ha quitado el mando, o a alguno de los mayores con cara de “asesino en serie fuera de sí mismo” que va a dilapidar a otro)

La gente me pregunta si no he echado de menos tener una hermana chica. Y la verdad es que no. No se echa de menos lo que no se tiene. Y mis hermanos son lo máximo. Además, ahora tengo una cuñada y media (a punto de tener dos, en unos meses se formaliza el tema) que son una bendición. Y otras tres por parte política. Vamos ¡que me sobran! Jajajaj. Broma fea, no os lo toméis a mal, cuñadas mías.

En fin, que supersuerte la de mis hijos que tienen los mejores tíos del mundo.