Pasan los días, pasan los días y no me paro a escribir. Quizá porque escribir conlleva pensar.

Pasan los días también en casa, con sus acontecimientos importantes para nosotros y con la rutina lógica de las semanas. Pero no por rutinaria es aburrida nuestra vida, cada día tiene su enjundia, aunque en muchas ocasiones no sea consciente de ella.

Espaldas

Mi tripa crece a un ritmo vertiginoso. No sólo lo pienso yo, sino que mi percepción viene avalada por los comentarios de mucha gente que no dan crédito a semejante barrigón para 22 semanas de embarazo y un solo bebé. Juan ya es uno más. Yo veo pasar con lentitud los días, siempre con la sombra de la duda de “si las cosas irán bien”, “si el bebé estará bien”, “si no me mandarán reposo”, si… En definitiva, que soy una neurótica encarnada en una mujer embarazada.

Los niños siguen avanzando y creciendo. Es impresionante cómo evolucionan en sus lecturas y en sus tareas. Y nosotros seguimos a su lado, acompañándolos. Queriéndolos en la medida de nuestras posibilidades, que en mi caso no es mucha, y no en función de lo que merecen, que es mucho más. Intentando, cada día, humanizar la rutina, como dice Catherine L’Ecuyer.

Bruno ha empezado a jugar partidos los fines de semana y ¡nos entusiasma acompañarlo! Aunque Manuel, en el fondo de su ser, muere de envidia y no ve el momento de empezar él a jugar. Hablando de Manuel, le ha cogido el tranquillo a lo de leer y va fenomenal. Ha conseguido demostrarme que él tiene unas capacidades enormes, pero un ritmo diferente. ¿Llegaré a respetarlo en sus ritmos? No lo sé, pero lo ansío. Es lógico que encuentre en papá un referente y apoyo más claro, porque papá tiene un carácter mucho más pausado que mamá, eso es así.

De Sarina sólo nos dicen cosas buenísimas. El otro día, la reunión con su profe fue como para salir caminando tres palmos por encima del suelo. Es buena, responsable, trabajadora, madura… La verdad es que todo fueron halagos.

Agotada

Y Clarita, ¡qué gracia nos hace Clara! Tiene esa edad maravillosa en la que haga lo que haga, diga lo que diga, hace gracia. Hasta sus hermanos se derriten con ella.

Y yo, ahí sigo, siendo cada día más consciente de la gran tarea que se me ha encomendado, pero de las limitaciones con las que cuento. Pero hoy una amiga me ha dado la clave. Me ha dicho: “Dios no elige a los capacitados, sino que da capacidad a los elegidos”. Menos mal. Pues ahí seguiré, a pesar de mi precariedad, intentando hacerles notar que los quiero, a todos.

Por cierto, ya hemos puesto el Nacimiento, nos ha quedado bastante decente, aunque nos quedan todavía unos pequeños retoques de calidad. El árbol también. Y ayer, al encender las luces del árbol y apagar las del salón, las niñas enloquecieron y no paraban de decir “mira, cómo brilla” “brilla mucho, brilla mucho”. Bendita infancia. (Y bendito marido que me aguanta)

BelenCasa

Mitad de adviento ya y yo con estos pelos.

CoronaAdviento

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