Matadme, si es que queda alguien ahí después de tan dilatado silencio, matadme.

Matadme por perezosa e indolente, aunque ya os avisé en su día que era así. Está claro que debo releerme los remedios que buscamos para combatir estos males. Pero bueno, vengo con propósito renovado de escribir más frecuentemente. Quizá sean post más cortos, cosa que alguno agradecerá, que lo sé yo; pero tengo intención de que sean con más frecuencia.

Josepe volvió de sus andaduras laborales por el mundo, llegaron las vacaciones, el verano asturiano, miles de cumpleaños y hemos vuelto. Qué resumen más rápido y más desaborío. Pero lo hemos pasado muy bien, los niños han crecido muchísimo y disfrutado más aún. Ahora la cosa queda así: Bruno es un paisano y pasa del mundo entero menos de Manuel al que mangonea, pero que a su vez es el único que comparte con él su obsesión por el fútbol (el fracaso de España en el Mundial de Brasil fue un trago duro para ellos). Manuel, si está entretenido y atendido, va como la seda pero si se tuerce, la cagamos. Sara es súper buena gente, la niña que siempre sonríe; cae francamente bien menos de 10 de la noche a 10 de la mañana por sus malos hábitos de descanso. Y Clara, decididamente, es la jefa de la banda. Riñe, zurra y maneja a su antojo, pero con mucha gracia.

                    postal

Y así hemos pasado el verano, con mal tiempo pero con buena cara. Aunque mi santo y yo no hemos coincidido tanto como nos habría gustado por temas laborales, al final hemos disfrutado de los grandes placeres de la tierra asturiana: la comida, el paisaje, la familia, los grandes amigos… El buen tiempo no se incluye dentro de los placeres asegurados y este verano ha sido especialmente borrascoso.

                   borrasca

Hemos tenido menos playa y más botas de agua. Menos chapuzones pero más caracoles a los que observar detenidamente. Saco una conclusión o varias. Los niños son bastante fáciles de contentar siempre que les des aire libre, espacio y buena compañía. Somos los mayores los que vemos más problemas a las cosas.

                    caracoles

Ha sido un verano bastante facilón en cuanto a logística. ¡Hasta nos sobraba espacio en el coche para algún bultito más! No ha sido así a la vuelta, en la que añadimos algún que otro producto astur para nuestra despensa (un saco de 25 kilos de patatas impresionantesdebuenasquédiferencia, tomates, ciruelas, melocotones…)

Ha sido fácil también porque los niños son ya bastante autónomos y disfrutan de la playa, parque, monte o “prao” indistintamente. Clara ya no lleva pañal, no hay biberones, ni leche de fórmula. Y mis hijos, a Dios gracias, comen de todo.

Pero, si Dios quiere y todo va bien, el verano que viene no será tan logísticamente sencillo… (silencio para meditar la frase). “¿Cómo? ¿Quieres decir que…? ¿De verdad?” Jajajajaja, pues sí. Señoras y señores, como dicen los taurinos, “No hay quinto malo”. Lo digo con la boca pequeña porque estoy de muy poquito y aún queda mucho embarazo. Pero, Dios mediante, en abril esperamos la llegada de un M-L B más.

Los niños están felices con la nueva noticia. Y nosotros también, pero un poco “cagaillos” porque vaya todo bien y porque humanamente siempre asaltan agobios de espacio, fuerzas y néuras varias, lid en la que me estoy convirtiendo en auténtica especialista.

Rezamos para que vaya todo bien y esperamos disfrutar de este nuevo miembro, que aunque intrauterino, ya forma parte de la familia.

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