Este miércoles es nuestro aniversario, 7 años ya, cómo pasa el tiempo. Echo la vista atrás y me maravillo de nuestra historia.

Por todos es sabido que mi santo y yo no hemos tenido un noviazgo… cómo decirlo… un noviazgo muy constante, jajajaj, me gusta este apelativo que le he puesto a nuestra relación. No fue muy constante porque constantemente dejábamos de ser novios, jajajajajajaja. En fin, bromas aparte de las que sólo me hacen gracia a mí, el caso es que nuestro noviazgo no fue fácil en absoluto. Se supone que cuando empiezas una relación con alguien es para conocerla y descubrir si es o no LA PERSONA. Pero en mi caso, lo que descubrí, es la clase de persona que soy yo. Uno parece que quiere mucho, acepta mucho, perdona mucho y etc. Pero yo descubrí que sabía querer poco y mal.

Bueno, que tampoco me voy a desnudar aquí más de lo que ya lo hago. El caso es que viendo que queríamos querernos pero que se nos daba fatal, yo lo puse en manos del que todo lo puede y lo hizo todo nuevo.

Nuestra boda fue un fiestorrón de alegría (véase la foto del fin de fiesta, a las 5 y pico de la mañana, es más fácil ver quiénes se habían ido que cuántos quedábamos). Arropados y ayudados por nuestras familias, cómo no, que tuvieron a bien bendecir nuestra decisión.

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Por eso, podemos celebrar nuestro 7º aniversario. Por primera vez en estos siete años de matrimonio, no vamos a estar juntos el 30 de abril, porque mi costilla está fuera, trabajando. Esta ausencia me deja aún más claro que nuestra vida (la nuestra en concreto) está diseñada para llevarla entre dos. Porque, al fin y al cabo, no se trata de mi vida y de su vida, sino de nuestra vida. Nuestra vida, nuestros hijos, nuestra casa, nuestra hipoteca…

Tengo la suerte de estar casada con un hombre bueno, serio y responsable, que aporta la serenidad y sensatez que a mí a veces me falta. También aporta un poco de tranquilidad a mi lucha diaria contra el reloj. Es un revulsivo para mi autoestima porque piensa que soy más inteligente y más capaz de lo que soy, pero no duda en llamarme la atención cuando entro en modo recatado-cortado-inseguro, cosa que me sucede siempre que empiezo en un trabajo nuevo. De ahí su célebre frase: “Sara, por favor, no parezcas tonta”.

También es cierto que es hombre de pocas palabras. Piensa mucho, pero exterioriza poco. Pero ahí estoy yo, con mi verborrea característica, sacándolo de su zona de confort para que se manifieste. Al fin y al cabo, creo que nos complementamos bien. Yo soy más alocada y él más mesurado; yo soy un poco inconsciente y él es demasiado consciente; yo suelo ser positiva y él tiene cierta tendencia a ver las cosas difíciles (creo que es un gen, pero no lo digo mucho para que no se me enfade la familia política, ¡os quiero!).

Dios nos está regalando una vida apasionante con sus alegrías y sus sustos, sus incertidumbres y con 4 hijos que son 4 soles.

Nos toca aniversario por poderes, pero bueno, no pasa nada. Así también nos echamos de menos y valoramos más lo afortunados que somos. Se nota mucho su ausencia y los niños y yo andamos descabezados sin papá (aprovecho la oportunidad para agradecer a todos los que nos están ayudando para hacer el día a día y la logística más fáciles, y aprovecho para felicitarme por mi programa, jajajajaja).

Al margen de las razones típicas por las que se echa de menos a una persona, he encontrado un montón de motivos diarios por los que deseo que estos días que faltan pasen rapidísimo. Hala, a batiburrillo, como viene siendo habitual en mí:

  • Porque nadie me compra helados de nata bombón de la sirena.
  • Porque cuando un niño llora por la noche, no hay más tu tía, me ha tocado.
  • Porque cenar sola es aburridísimo.
  • Porque me toca cortar las uñas a los niños.
  • Porque me estresa Mercadona y siempre me olvido alguna cosa.
  • Porque tiene menos gracia cocinar.
  • Porque no me atrevo a ver “Mentes Criminales” sola.
  • Porque nadie recoge tan bien el lavaplatos.
  • Porque se nos han muerto las semillas de mostaza que plantaste y los niños no me lo perdonan.
  • Porque no sé responder a las infinitas preguntas de Bruno sobre horas de partidos, los dorsales y los puntos que nos separan del Barça y del Atleti.
  • Porque Manuel y Sara están un poco en crisis.
  • Porque cuando regaño a los niños, te llaman desconsolados.
  • Porque Clara pregunta por ti todos los días.
  • Porque el número de Violeta es el primero en frecuencia de llamadas desde mi móvil.
  • Porque no entiendo las cartas del banco.
  • Porque, para bajar la basura, tenemos que ir de excursión todos.
  • Porque sólo leo página y media por día, sin embargo me tomo 4 vinos (jajajajaja, es broma, no te vayas a pensar)
  • Etc, etc, etc.

(Todo esto te lo comento para que veas que te echamos mucho de menos, no para que te agobies).

Feliz 7º aniversario ¡y lo que te rondaré, moreno!

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