Muchas cosas. Ahí van, a batiburrillo, como me gusta a mí.

Que el verano es para desconectar, no para descansar.

Que me chifla Asturias, cada vez más y más y más, sin parar.

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Que mis hijos son lo mejor del mundo, pero son humanos, no debo exigir comportamientos extraterrestres a los niños.

Que la vida está muy pensada para llevarla entre dos. Entre dos las cosas son mucho más fáciles.

Que soy nerviosa, impaciente y gritona (de esto ya tenía yo serias sospechas, pero ahora las he confirmado). Pero que tengo buena voluntad, ansias de hacer las cosas bien y mucho cariño que dar, aunque no sepa manifestarlo y canalizarlo adecuadamente.

Que sin mi familia natural y política, no podríamos disfrutar de unos veranos tan estupendos; por la logística, por la ayuda, por el cariño… Gracias.

 Que donde aparentemente caben dos, en realidad duermen seis.

Que si intentas rescatar un gorrión malherido te conviertes en la heroína de tus hijos, al menos por unas horas.

Que un baño en el cantábrico vale por 5 chapuzones piscineros.

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Que si nado hasta la boya, me siento con derecho a tomarme una napolitana de dos chocolates o un “bollo preñao”.

Que don Pelayo está enterrado en la gruta de Covadonga y que Favila era su hijo (criticadme si queréis, no tenía yo muy claro el parentesco).

Que se puede vivir tranquilamente sin televisión, pero que no se puede vivir sin helados y menos en Luanco.

Que tenemos capacidad para tomar más de dos helados de HHH al día.

Que disfruto muchísimo del campo, de la naturaleza, de un paseo, de un río, de un cañaveral…

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Que hay visitas obligadas y deseadas. Que cuando uno hace esa visita, parece que no hubiese transcurrido el tiempo entre la del año anterior y la de éste, porque te reciben con el mismo cariño, familiaridad y cercanía.

Que una cena en el mesón con mis cuñados y un gin-tonic de autor me saben bien hasta un mes después de haberlos disfrutado.

Que aún cabemos en la casita de los enanitos.

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Que la gente se estresa de ver una familia numerosa en movimiento y no me extraña. Pero que, para bien o para mal, dejamos huella. Y cuando nos vamos, se nos echa de menos.

Que Toy Story 2 es UN PELICULÓN.

Que hay que ser como niños para disfrutar las cosas tanto como ellos.

Que las discusiones, los gritos, los castigos y hasta alguna que otra amenaza, están a la orden del día en mi vida, qué le vamos a hacer. Pero que mi imperfección no debe impedirme disfrutar de las cosas. Aprender a valorar mucho más 3 horas buenas que 10 minutos de caos y bronca.

Pues eso y mucho más es lo que he aprendido pero no doy más la paliza. Chimpún.

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