Hay una lección muy dura pero muy real que he aprendido desde que soy madre, creo que muchos coincidiréis conmigo. Cuando nos sucede algo a nosotros mismos, bien sea una enfermedad, un acontecimiento difícil, una situación complicada, etc, sufrimos mucho, muchísimo, eso es una realidad. Cuando no nos suceda a nosotros directamente, sino que le sucede a un hijo, nuestro sufrimiento se multiplica por mil, hasta tal punto, que desearíamos cambiarnos por él de inmediato.

Ahora os voy a contar algo importante.

Conocí a Montse un día en casa de mi amiga Ángela. No tuvimos oportunidad de hablar mucho, ni conocernos en profundidad.

Al poco tiempo Montse me llamó por si conocía a alguien que pudiese echarle una mano en casa. Y así empezamos a tener algo de contacto telefónico, esporádico, para cosas concretas.

Al margen de nuestra amiga Ángela y alguna persona más en común, con Montse me unía y me une una misma fe. No sé si hemos llegado a vernos en alguna ocasión más, pero cuando te une algo tan fundamental como la fe, tampoco hace falta mucho más.

Os cuento esto de Montse porque Montse es la madre de Celia. Y Celia está muy enferma.

Como no soy médico y no tengo muchos conocimientos sobre la materia, no voy a entrar en muchas explicaciones. Lo que sí os puedo decir es que Celia nació con una cardiopatía muy gorda. En agosto la operaron por primera vez, en diciembre la situación empeoró y le hicieron un cateterismo que no fue bien y una cirugía que, en palabras del cirujano, era como desguazar su corazón y volver a montarlo. En el postoperatorio volvieron a complicarse mucho las cosas y ahora tiene también lesionado el lado derecho del corazón y la válvula tricúspide. Tiene también una aneurisma y más complicaciones muy gordas.

Si os detallo todo esto es para que entendáis la gravedad de Celia.

Me he atrevido a escribir sobre este tema con permiso de Montse, por supuesto, por dos razones.

La primera es hacer un llamamiento a todo el que lo lea y buenamente quiera, a rezar por ella, Celia, por sus padres, Montse y Nacho, por sus hermanos.

Si una cosa sabemos los cristianos es que, para Dios, nada hay imposible. Con esa certeza rezamos cada noche en nuestra casa por Celia. Sabemos que poderoso es Dios para curarla. Y por eso os invito a uniros a tantísimas personas que hoy rezan por ella.

La segunda razón de este blog es hacer otro llamamiento a la generosidad de todos.

En Boston hay un hospital que es un centro de referencia en cirugía cardiaca a nivel mundial. El cirujano que ha estudiado el caso ha aceptado operar a Celia.

Como podréis comprender, todo va a tener un elevadísimo coste económico. Hay que llevarla y recogerla en UVI del avión y pagar el traslado, la cirugía, la estancia, etc.

Por eso, me atrevo a daros el número de cuenta que tiene Celia para poder afrontar y costear este viaje que representa una esperanza para ella.

BANCO POPULAR

0075 1555 20 0600079650

Quien quiera, quien pueda, lo que pueda… así nos lo dijo Montse, y así os lo transmito.

Es probable que haya cometido errores al contar la historia o detallar los problemas que tiene Celia, pido perdón a sus padres. Saben que la intención de este post ha sido buena.

Y, antes de terminar, os la presento:

CeliaCelia2

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