Después de noches como la que pasamos ayer, me pregunto constantemente ¿qué estamos haciendo mal? Entiendo que debemos estar haciendo mal muchas cosas, muchas, muchas cosas. Porque no es ni medio normal que las niñas duerman tan rematadamente mal.

Imagen

Pensábamos, ilusos de nosotros, que con Bruno (el mayor) ya habíamos pasado lo peor en cuanto a lloros, malas noches, problemas para conciliar el sueño y terrores nocturnos. Pero está claro que pecamos de ilusos. Lo de Clara y Sara es de traca.

Últimamente nuestra teoría se resumía en la siguiente frase: lo importante es dormir. Y no me refiero a que duerman las niñas, que también, sino a que durmamos nosotros. Al amparo de esta filosofía hemos hecho de todo para que las niñas nos dejen descansar. Y, claro está, la hemos fastidiado.

Pero bueno, las noches son las noches y todo pasará. No creo yo que Clara siga queriendo que la durmamos en brazos cuando tenga 15 años, ni que Sara se despierte ante el más mínimo ruido y pida un biberón cuando tenga unos años más. Quiero creer que todo esto es algo temporal.

Por eso, cuando la gente me pregunta ¿y cómo te organizas con los niños? ¿Cómo lo haces? Yo siempre respondo: Pues mal, cómo lo voy a hacer. (Hablo ya sólo por mí, mi marido es mucho más sereno y apañado que yo).

 

Creedme si os digo que no es falsa modestia, es la realidad. Por eso este post no va como un grito de S.O.S para que me hagáis refuerzo positivo, ni mucho menos.

Todos los días empiezo con espíritu renovado y muchas ganas de hacer bien la tarea más importante que tengo: ser madre. Y todos los días me encuentro con mi dura realidad: que soy imperfecta, que tengo poca paciencia y que el egoísmo me gana la partida muchas veces. Es duro, pero es así.

 

Lo impresionante es que los niños, siendo muy conscientes de las limitaciones que tengo, me siguen queriendo incondicionalmente. Por esto, todos los días vuelvo a proponerme altas miras, para poder responder a su cariño con lo mejor de mí. A veces lo consigo, a veces no. Pero intento no desanimarme. Al fin y al cabo, nadie tiene un certificado de “padre fetén” o “madre perfecta”. Lo que está claro, es que soy la mejor madre que mis hijos podían tener, porque soy la suya.

 

Muchas veces cometo el error de quejarme y de poner la pelota en su tejado. Es decir, de pensar que yo soy imperfecta porque ellos me imposibilitan hacerlo mejor. Pero descubro que esto no es así, que es un engaño. El problema no es suyo, sino mío. Pero, insisto, NO PASA NADA.

Creo que lo importante, lo que más cuenta, es ver que no me acomodo en mi incapacidad, sino que de mí sale la intención de mejorar. Siendo así, poco a poco las cosas irán encauzándose, o eso espero.

 

Recientemente leí un blog que me mandó mi amiga Elsa sobre una madre. Me pareció muy divertido. Contaba con mucha gracia parte de su día a día con los niños. Pero me sorprendió mucho leer uno de los comentarios que alguien le había dejado a ese post. En resumen, le decían que no se quejara tanto, que esa había sido su opción de vida y que apechugase.

 

¡Qué graciosa la “opinadora”! Yo llevo toda la vida escuchando a la gente que se queja de SU resaca, de SU jefe, de SU marido, de SU mujer, de SUS padres, de SUS exámenes, de SU coche, de SU casa, de SUS vecinos, de SU médico, de SUS compañeros, de SUS amigos, etc.

A todos ellos podríamos decirles lo mismo que la “opinadora” puso: Ahh, ha sido tu opción, no me des la paliza y no me llores… Te aguantas.

 Imagen

 

Lo que es cierto es que muchos padres, o simplemente yo (no tengo por qué meteros a todos en mi saco), tiendo a pensar siempre que el problema es de los niños y de su comportamiento, y no mío. Paja en el ojo ajeno, viga en el propio, ya sabéis.

 

Si a estos añadimos la tendencia pesimista que muchas veces impera en nosotros de contar y manifestar sólo lo malo, en lugar de poner en valor lo bueno, el resultado final es que planteamos a los demás que la vida familiar es un suicidio.

 

No es fácil y es cansada. Pero es que nadie dijo que dar la vida por los hijos estuviese chupado. Darla con alegría, a pesar de sus limitaciones y de las nuestras, digo yo que ahí está el tema.

 

¡¡Feliz Semana Santa!! Y a descansar… si os dejan.

Anuncios