Si no lo adivinas ¡es pera! ¡Es una pera!

 

Esta adivinanza de Ángel Garó, que en su día me hacía mucha gracia, pasó a formar una parte muy importante de mi vida.

Me flipan las gracias basadas en la repetición, lo reconozco. Hay quien puede pensar que son absurdas, pero cuanto más absurdas son, más gracia me hacen.

Tanto es así que en la facultad pasamos gran parte del tiempo recordando incesantemente esta adivinanza. ¡Es-pera! ¡Es pera! ¡Espera! (imitando el tonillo de Juan de la Cosa).

Pera pasó a formar parte de nuestro vocabulario habitual. Y después, poco a poco, pasó a ser el sujeto de nuestras frases. Y después, pasó a ser nuestro nombre. Y después, pasó a ser como una pequeña identidad.

 Tan absurdo como cierto. El caso es que un reducido grupo de amigas pasamos a dirigirnos las unas con las otras así: “Pera, pásame los apuntes”. “Pera, me bajo a la cafetería, díselo a las otras peras”, etc.

Con los años, las cuatro peras decidieron, por unanimidad, admitir a una pera más. No por llegar tarde su condición de pera era inferior que la de las cuatro peras originales. Conclusión: 5 lustrosas peras.

peras

Cuando la gente oye hablar de “las peras” como de un grupo de chicas pensará en su interior, qué ridículo. Puede ser. Quizá parezcamos infantiles (en ocasiones lo somos). Pero para nosotras, nuestras peras son importantísimas.

Cuando pienso en ello, en las peras, se me ocurren millones de anécdotas divertidas, de sufrimientos compartidos, de vídeos grabados, de sorpresas preparadas, de momentos ridículos, de experiencias, de palabras inventadas…

Este post es quizá demasiado juvenil y personal, pero es un pequeño homenaje que quiero rendir a las peras, aun a riesgo de perder lectores (prometo ser más madura para la siguiente entrada, pensadlo bien, dadme otra oportunidad). Es curioso ver cómo cinco peras tan distintas pueden congeniar tan bien, respetándonos en nuestra diversidad y queriéndonos mucho. Y es curioso descubrir cómo nuestro ingenio y nuestro gracejo explosiona cuando estamos juntas, es algo espectacular.

 A Dios gracias, las peras tienen nombre: María, Rocío, África, Elsa, Sara.

 A riesgo de parecer muy moña y ridícula os diré que “quien tiene una pera, tiene un tesoro”. Yo tengo cuatro…  

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